La Pola se transforma lentamente:
a partir de los años ochenta se construye
alguno de los edificios más representativos
de la villa: el Hospital de Ancianos, el nuevo
Ayuntamiento o la casa de Vigil Escalera,
más tardía, son importantes novedades
en una capital municipal que todavía no
disponía de agua corriente y en la que, en
1893, la difteria y el tifus hacían estragos.
El río que atravesaba la Pola era un inmenso
depósito de basuras procedentes del
matadero, de las dos tenerías que se encontraba
dentro del casco urbano y del caserío.
Además, el cementerio, todavía se
encontraba en el centro del pueblo y habría que esperar siete años a que se trasladase
fuera de la villa.
Entre
1900 y 1903 se desarrolla una intensa actividad
política y sindical que es seguida de
un periodo de profunda crisis entre 1903 y
1913. En esta fecha los socialistas consiguen
un concejal en el ayuntamiento y comienzan
a celebrar el Primero de Mayo en Pola de Siero.
En la fiesta de 1915 participan las secciones
del SOMA de Carbayín y Lieres, las secciones
de la Asociación Agrícola de Valdesoto
y la Pola, las Juventudes Socialistas de
Arenas y Colloto y las Agrupaciones Socialistas
de Lieres y Carbayín.
Al mismo tiempo que esto sucede, va perdiendo
fuerza el control ideológico que la
iglesia ejercía en la mayoría de la población.
Las misiones evangelizadoras, que
tan fervientemente seguían miles de fieles
en la Pola a finales de siglo, son trasladadas
a las parroquias de la zona rural del
concejo donde el humilde aldeano es pobre,
más honrado, cristiano y hasta piadoso,
y en la prensa obrera son frecuentes
desde 1900 las alusiones a las tensiones
habidas entre los sacerdotes y los obreros
de las parroquias más industrializadas. En
1901 el clima anticlerical se transforma en
violencia, y son quemadas varias iglesias
de Noreña y Siero.
La vitalidad de las actividades comerciales,
especialmente en la capital del concejo, y los
talleres artesanales y pequeñas industrias
que crecen en torno a la intensa vida mercantil
de la Pola han permitido a lo largo de
todo el siglo XIX el desarrollo de una clase
media sin cuya presencia es imposible comprender
la historia de la Pola. Comerciantes,
artesanos e industriales conviven con un grupo
importante de funcionarios y profesionales
liberales y una burguesía minoritaria, formada
dentro de las familias de la nobleza hidalga
(los Vigil Escalera, García Bernardo,
Celleruelo, Vigil Cavanilles, Bros, etc.), que
participa en la administración local y en las
empresas y negocios del comercio, la banca,
las minas y los ferrocarriles del concejo.
Entre ellos destaca Gregorio Vigil Escalera,
miembro de una familia de comerciantes
de la Pola que, entre 1880 y 1925, fecha de
su fallecimiento, consigue hacer de su negocio
familiar una de las empresas más importantes
de Siero.
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