La introducción del maíz en Siero, de la que desconocemos la fecha exacta, supuso, como ocurrió en el resto de Asturias, el aumento de los rendimientos agrícolas y permitió un crecimiento demográfico que obligó a la división de las caserías. La recuperación demográfica y el crecimiento económico son bien patentes, a falta de otros indicios, en el aumento de la riqueza de las familias de la nobleza del concejo.
En la Pola, los Vigil erigen, en lo que hemos llamado la plaza mayor de la villa, el Palacio de La Casona. En el centro de la misma Andrés del Quintanal Nosti y su mujer, María García, pagaron la construcción en la plaza de Les Campes, de una capilla en honor de la Virgen del Carmelo.
La vida municipal sufre un fuerte proceso de control por parte de estas familias de la nobleza laica. Según se observa en las listas de Jueces Nobles y Jueces del Estado Llano elaboradas por Fausto Vigil a partir, fundamentalmente de la documentación municipal, sólo unas pocas familias accedían a los sillones del consistorio, y con ello controlaban el municipio, y muy especialmente su economía, siendo particularmente importante para sus intereses el mercado de la Pola: La Pola de Siero es un lugar donde se hace un gran mercado cada semana, indicaba Luis de Valdés en 1622. Desde el siglo pasado tenía lugar la venta de oficios de poder o jurisdicción en Siero; éstos tenían un salario simbólico, pero permitían a sus compradores detentar un gran poder. El Alférez Mayor de Siero ejercía como regidor y elector de otros cargos concejiles, era capitán de la gente de guerra con la que el concejo servía al monarca y tenía preeminencia de asiento, salario y portaestandarte.
Uno de estos alféreces llegó a negociar, a cambio de una importante cantidad de dinero, con los Argüelles y los Vigil, las familias más importantes del concejo, la elección para regidores de los miembros de sus familias. Lope de Argüelles Vega y Quiñones compró el cargo de Alguacil Mayor a Bernardo de Assón. Otro Argüelles compró la alcaidía de cárcel de Siero en 1597.
Los Vigil de Quiñones acabaron teniendo una importante presencia en la Junta General del Principado de Asturias. Sebastián Vigil de Quiñones inició una política familiar de alianzas matrimoniales que le llevó a enlazar con la Casa de la Rúa de Oviedo, a través de doña Isabel de la Rúa, conformando un importante patrimonio en los concejos de Siero, Sariego y Oviedo.
En 1679 Carlos II le nombra Marqués de Santa Cruz de Marcenado y Vizconde del Puerto y en 1682 su hija, Jacinta de Vigil, casa con Juan Antonio de Navia Osorio, consiguiendo unir así tres de los linajes más importantes de la zona centro occidental de Asturias.
Como indicaba Fausto Vigil, “el número de vecinos del Estado de los buenos hombres labradores era muy escaso y cada año menor, porque procuraban cambiar dicho estado por el de noble que, como privilegio, tenía menos obligaciones que cumplir y resultaba más favorecido en todo”.
En los desaparecidos padrones municipales los datos son evidentes, y el crecimiento de hidalgos en los siglos XVII y XVIII es muy importante.