En Pola de Siero, donde también hay constancia
de un importante industria de curtidos,
la documentación destaca por encima de ésta
la textil, y hace mención a un número importante
de sastres, que se dedicaban muchos
de ellos a la fabricación de monteras.
Muchos de los que se dedicaban a estos
oficios no lo tenían como su única ocupación,
y como máximo le dedicaban seis meses
al año, complementándolo con las tareas
agrícolas habituales.
El mercado de Pola de Siero es descrito en
distintas fuentes de finales de siglo como
uno de los mejores de Asturias:
Todos los martes del año se celebra
un gran mercado muy abundante de
todas las especies del país, y con
particularidad de ganados, que por
lo mismo está concevido por el mejor
del Principado.
Hay en este pueblo un mercado público
de los más abundantes y concurso
de todo el Principado que se
celebra todos los martes de cada semana,
libre de todo tributo por concesión
real.
Destaca en la actividad comercial de la capital
del concejo la presencia, importante en
número (noventa y cinco), de vendedoras de
pan, y también de vendedores de vino, tiendas
del aire, mesones, carnicerías y arrieros.
Los mercados seguían celebrándose en
las plazas de la Pola, que no había sufrido
ninguna transformación urbanística notable,
a pesar de haber aumentado su población,
o eso parece indicar la necesidad
que desde 1747 hay de construir una nueva
iglesia parroquial.
La Pola atrae como capital del concejo y
centro administrativo diferentes oficios: escribanos,
médicos, barberos, maestros y el
alcalde de la cárcel, además de los clérigos
y los jueces y regidores municipales forman
este particular grupo urbano.
La administración municipal en Siero mantiene
en este tiempo las mismas constantes
que se apreciaban en los siglos anteriores y
seguía en manos de las familias de la aristocracia
local. |