La comedia o comparsa, como ya señalamos, era el nombre popular que se daba a la compañía de teatro, que actuaba acompañada de los Sidros y estaba formada sólo por varones, que representaban diversos personajes, incluso los femeninos. Estas comedias, una vez que abandonaron definitivamente los atrios de las iglesias, no
tenían escenario fijo. Actuaban en cualquier lugar donde había o podía haber espectadores:
el campo de la iglesia, la plaza del pueblo, delante de los chigres o ante cualquier grupo de espectadores que pagara la comedia.
El hecho de carecer de escenario fijo, añadido al cambio constante de parroquia como lugar de actuación, trajo como consecuencia el empleo por parte de los actores de referencias a lugares de los alrededores, muy conocidos por el público, lo que significó la derivación hacia un ambiente localista.
Sin embargo creemos que esta resolución de los actores al problema de la ubicación no es espontáneo, sino que obedece a la adaptación a la comedia de las fórmulas de transmisión de la literatura oral, empleadas por los juglares medievales.
La función de los Sidros respecto a la comedia era meramente propagandística, pues consistía en ir delante de ella, haciendo sonar sus cencerros, bien andando con su característico trote, bien dando saltos,
apoyándose en la pértiga.
Durante el camino los Sidros van pidiendo a las gentes que encuentran, es decir, hacen de aguinalderos, imitando a los otros grupos de máscaras que no realizan representaciones teatrales (el guirria de Ponga y los aguinalderos
de Quiros y Obona), como señalan Constantino Cabal y Fausto Vigil en las obras citadas anteriormente. Una vez tratado el precio de la comedia, los Sidros proceden a desalojar el improvisado escenario, donde se iba a desarrollar la representación y lo rodeaban, formando un círculo. Cuando la representación comenzaba, su misión consistía en mantener el orden y el corro de espectadores. El tiempo de la representación era variable, pero solía durar una media
hora y constaba de un solo acto, dividido en varias escenas, marcadas por la entrada y salida de los personajes. Estos conducían el hilo de la acción mediante monólogos, quedando el diálogo reducido prácticamente a las preguntas y respuestas que enlazaban el antes y el después en el cambio de escena.
Al finalizar la representación Sidros y actores aceptaban y recogían cuanto se les entregaba: sidra, manzanas, castañas y, sobre todo, dinero, con lo que organizaban una comida.