Dos son las danzas que destacan entre las
existentes que se conservan de antaño en
Pola de Siero: la Danza Prima y los Caranquiños.
Son ambas danzas antiguas y entrañables y
se ejecutan con pasos comedidos y marcados
acompasada y solidariamente por los
danzantes que, cogidos por los dedos meñiques,
cantan de vivía voz las antiguas estrofas
de las mismas.
Son a la vez producto de la iniciativa y participación
popular (ningún grupo folklórico organiza las mismas), pues son los mismos
polesos quienes, sintiendo en el alma las
tradiciones de la villa, las interpretan, sin
acompañamiento instrumental alguno, combinando
cadenciosamente los movimientos
de pies y brazos hacia adelante y hacia
atrás al ritmo que un guía marca. 
La Danza Prima se bailaba, como en la actualidad,
en ocasiones solemnes o muy importantes:
culminación de la fiesta del Carmín,
al que servirá como broche de oro.
En ella los danzantes, hombres y mujeres
colocados alternativamente, forman uno o
varios corros o hileras a cada uno de los
lados de la calle y, para comenzar, adelantan,
a modo de paso, el pie derecho,
esperando que el guía comience a desgranar
los más de 140 versos octosílabos,
con rima asonante en los pares, del mencionado
romance.
Actualmente la danza prima se baila, entre
otras ocasiones, para cerrar las fiestas del
Carmín, el martes a las 12 de la noche y, siguiendo
el proceso arriba señalado, parte de
la calle Florencio Rodriguez, recorre algunas
otras y termina en el parque Alfonso X.
Los Caranquiños
Se bailaba esta danza ante la ermita del
Cristo de Santa Ana al oscurecer del día siguiente
de la festividad de Santiago Apostol,
o sea, el 26 de Julio, en el que se celebra
precisamente Santa Ana.
En ambas fechas, durante todo el día y parte
de la noche, no dejaba de sonar la campana
de esa ermita. A esto se llamaba “tocar
los caranquiños”.
Esta danza tiene como letra el mismo romance
de la Danza Prima y se ejecuta con
el mismo paso, pero hay que señalar dos diferencias
entre ellas:
La danza de Los Caranquiños lleva un ritmo
más rápido.
Tiene, por otra parte, un estribillo doble que
repiten los danzantes alternativamente:
1º: A los Caranquiños, madre, vengo; no los
puedo hallar si me duermo, si me duermo.
2º: De los Caranquiños, madre, con cuidado,
que esta fiesta viene de año en año.
Señalaremos además que, al igual que la
Danza Prima, se baila en corro o rueda, o
en hilera, marchando los danzantes lateralmente,
pero no tiene un guía que cante
el romance, sino que una pareja de bailadores,
o un pequeño grupo de ellos canta
dos versos del romance señalado, contestando
todos los demás el primer estribillo;
continúan cantando aquellos otros dos
versos, contestando los danzantes el segundo
estribillo, y así sucesivamente hasta
que se termina el romance.
Danza de los Romeros
Existió en Pola de Siero, hasta ya entrado el
siglo XX, una danza llamada “Danza de los
Romeros” o de “los Danzantes”.
Los trajes de estos Danzantes o Romeros se
componían de las siguientes prendas:
Los hombres se cubrían con sombrero de paja,
de amplias alas vueltas hacia arriba y adornados
con broche y cinta de color alrededor
de la copa. Vestian una camisa blanca, manga
larga y amplia. Una banda de gasa de colores
colocada sobre el hombro derecho, para
anudarse en lazada en la cadera izquierda.
Vestían calzón ajustado bajo la rodilla y ceñían
la cintura con su faja de seda de colores.
Unas medias blancas cubrían sus piernas,
atadas bajo la rodilla y bajo la trabilla del calzón.
Calzaban unos zapatos de color verde. Las mujeres se tocaban con sombrero de
paja de amplias alas vueltas, adornado
con perlas y con una gasa ancha alrededor
de la copa, anudada atrás y cayendo sus
extremos a la espalda. Usaban chambra
blanca de hilo, más o menos adornada,
con mangas no ajustadas. Llevaban falda
plegada y corta, dejando ver media pantorrilla
como mucho. La cintura la rodeaban
con un cinturón de gasa de colores variados.
Sus piernas se cubrían con medias de
seda blancas. Sus pies se calzaban con
zapatos labrados de color rojo.
Esta Danza de los Romeros pertenece a
las conocidas igualmente por “danzas de
arcos o aros”, pero con la particularidad
de participar en ella hombres y mujeres.
Tanto los hombres como las mujeres llevaban
dichos arcos, construidos de madera
y adornados de gasas y cintas de colores.
Con ellos ejecutaban múltiples juegos,
ya formando abovedadas calles o
hermosas cúpulas. Cada una de estas cúpulas,
sencilla o doble, recibía el nombre
de “barrilera”. Esta danza no tiene canto, se baila acompañada
de gaita y tambor, con aire bastante
animado. Su carácter es religioso. |